martes, 24 de julio de 2012

Edmundo Dantés, de El conde de Montecristo


Creo que muchos estarán de acuerdo conmigo en cuanto a que los dos mejores personajes que creó el escritor francés Alejandro Dumas son D'Artagnan y Edmundo Dantés. Hoy toca hablar del segundo y ya en otra ocasión pienso ocuparme del primero, porque vale la pena, como también sus tres compañeros de armas, nunca mejor dicho.
Edmundo Dantés tenía veinte años cuando Napoleón escapó de la Isla de Elba, por lo tanto debió nacer poco después del periodo del reino del terror en Francia. Se hace marinero muy joven, soñando con ser algún día capitán, bajo las órdenes del señor Morrel, un buen hombre que lo aprecia.
Dantés es muy inteligente; pese a su condición humilde y su escasa educación, Morrel confía en él para darle el mando de su barco, el Faraón,  cuando apenas tiene veinte años. Ese nombramiento termina siendo el inicio de la desgracia del noble joven, porque sus amigos y enemigos, llenos de envidia, deciden destruirlo.
Danglars es otro marinero que por ser mayor que Dantés cree que el puesto de capitán le corresponde a él. Se une a Fernando Mondego, primo y pretendiente de la novia de Dántes, Mercedes, una guapa marsellesa de ascendencia catalana. Danglars y Fernando, con la complicidad del acobardado Caderousse, escriben una carta anónima en la que acusan a Dantés de ser un bonapartista y de estar colaborando para que Napoleón vuelva al poder.
Dantés ingenuamente aceptó llevar una carta, que cree es inofensiva, de la Isla de Elba a Marsella, y ésa es la prueba con que sus acusadores pretenden probar sus calumnias. Arrestado el día de su boda, Dantés es llevado junto al procurador del rey, un joven ambicioso de nombre Villefort. Villefort inmediatamente se percata de que Dantés no puede ser culpable, es demasiado noble e ingenuo para ser agente de Napoleón, así que no cree tener problema alguno para dejarlo libre. Pero cuando descubre que la carta que Dantés llevaba consigo está dirigida a su padre, decide encerrarlo para que nunca ni por accidente lo mencione a alguien, hecho que arruinaría su prometedora carrera.  
Encerrado injustamente en la prisión del Castillo de If, Dantés vive un infierno pensando en lo injusto de su destino, mientras su novia y su anciano y enfermo padre están desamparados sin él. Piensa dejarse morir de hambre, pero su espíritu recobra fuerzas y decide soportar hasta que algo bueno para él ocurra.
Un día, cuando ya lleva años encerrado, de debajo del suelo sale un anciano que pretendía escaparse y calculó mal, de manera que en lugar de salir del castillo llegó hasta la celda de Dantés. El hombre es el abate Faria, una enciclopedia viviente. Sus conocimientos son bíblicos, además de que domina tanto las lenguas muertas como las vivas. No tiene inconveniente en transferir a Dantés todo su saber, porque el tiempo les sobra a ambos.
Dantés y Faria se dedican a trazar y ejecutar un nuevo plan de escape, mientras el anciano abate le enseña al desesperado joven todo lo que sabe. Trece años después de que Dantés llegó a If, se le presenta la oportunidad de escapar debido a la muerte de Faria. Éste, antes de morir, no conforme con todo el conocimiento que ya le había dado, decide hacerle otro regalo a Dantés: le revela la forma de llegar hasta donde se halla un tesoro, en la isla de Montecristo.
Dantés logra escapar,  haciéndose pasar por el abate muerto, y a los pocos meses encuentra el tesoro. Entonces desaparece como tal y aquéllos que lo conocieron en su temprana juventud, en Marsella, no reconocen al extraño y misterioso hombre que se presenta frente a ellos. Primero ayuda, de manera anónima, a los que algún bien le hicieron, después desaparece por diez largos años, mientras planea su venganza.
Alberto de Morcef, hijo de Mercedes, la novia de juventud de Dantés, y de Fernando Mondego, Conde de Morcef, conoce en Roma a un extraño hombre que se hace llamar conde de Montecristo. Al personaje le sobran el dinero y el misterio. Todo lo compra, todo lo puede y todo lo sabe.
Alberto queda encantado con él. El conde es un aristócrata de los que sólo figuran en las novelas, y después de que le salva la vida tras ser secuestrado por un peligroso bandido que extrañamente teme a Montecristo, Alberto no tiene inconveniente en invitarlo a París, donde sabe que causará sensación.
En París Montecristo se reencuentra con sus enemigos, que no lo reconocen. Danglars es barón y un banquero muy rico, Fernando conde y militar con cierto prestigio, y Villefort una de las personalidades más importantes de la ciudad. Pero los tres reconocen de inmediato la superioridad del conde, como todo París. Danglars y Villefort lo admiran por su grandeza, por su extraordinaria personalidad y su enorme fortuna.
Una vez que ha cautivado a todo París con sus extravagantes encantos y sus riquezas, Montecristo empieza a ejecutar sus planes lentamente. No tiene prisa en vengarse, si ya esperó veintitrés años sabe que puede esperar un poco más de tiempo.




Confieso que Edmundo Dantés es uno de mis personajes favoritos de la literatura universal. Cuando es joven e ingenuo probablemente no cautiva a ningún lector, pero cuando escapa de su cautiverio y se convierte en un poderoso hombre dedicado a su venganza se vuelve de lo más interesante. Releer su estancia en París, donde se dedica a seducir a sus enemigos para destruirlos lentamente, es uno de esos placeres que pocos libros saben darnos. Por eso El conde de Montecristo es uno de esos clásicos imprescindibles que nadie que ame la literatura debería ignorar.

1 comentario:

  1. Qué buena publicación! El Conde de Montecristo es el libro que más me gusta :)

    ResponderEliminar