sábado, 3 de noviembre de 2012

Viernes, de Robinson Crusoe


El único personaje de la celebre novela de Daniel Defoe que amerita ser biografiado, a parte del propio Robinson, es fu fiel Viernes, quien es uno de los personajes más simbólicos de la literatura universal, británica y del cine. ¿Cuántos actores no han interpretado a Viernes a lo largo de los años? Lo que ocurre es que Robinson Crusoe, el segundo libro más leído de la historia después de la Biblia, no sería lo que es sin Viernes.
De su infancia se sabe poco, a lo mucho que nació dentro de una tribu de indígenas caribeños que tenía por costumbre guerrear con los pueblos vecinos y a los prisioneros de guerra pasarlos al comedor en calidad no de invitados…
Viernes es, sí, un caníbal. Teniendo la edad de más o menos veinticinco años cae prisionero en una batalla que su tribu ganó pero de la que él no pudo escapar. Atado como un cordero es conducido por sus enemigos a una isla donde habrían de pasarlo por el fuego para después dirigirlo al estomago.
Afortunadamente para Viernes, en esa isla habita un naufrago británico bien provisto de armas que lleva viviendo allí medio siglo y que ya tiene entre ceja y ceja a los caníbales. Poco antes de que lo pongan a calentar, Viernes decide jugarse su última carta y emprende una huida desesperada seguido por tres de sus enemigos. Uno de éstos se cansa y decide regresar, otro es ejecutado por el naufrago inglés y el tercero decapitado por el propio Viernes.
El indígena, en un arranque de buena moral y agradecimiento, le jura, en su idioma y a señas, ciega lealtad a Robinson, quien en un principio lo ve como a un sirviente, muy eficiente, cierto, pero al fin sirviente, aunque poco después llega a considerarlo un amigo, sin dejar de considerarlo su sirviente.
Mucho se ha escrito respecto a que Robinson practica el más puro colonialismo británico con su Viernes: lo captura, lo somete y lo evangeliza en su religión; mas lo considera eficiente y de nobles sentimientos, pero nunca igual a él, que es blanco y eso… eso marca una gran diferencia.
Viernes, por el lado que le toca, comprende muy bien sus funciones. Quizás tiene una vaga idea de en qué época vive y decide que lo mejor para su salud es decirle en todo que sí al blanco civilizado y demostrarle un gran afecto.
Abandona el canibalismo -después, claro, de que su señor lo amenaza con matarlo si no lo hace. Excelente manera ésa, dicho sea de paso, de dejar un vicio-, también aprende inglés, pero mal, de manera que siempre lo pronuncia con imperfecciones.
Gracias a Robinson, Viernes logra salvar a su padre, a quien otros caníbales habían llevado a la isla para darle el mismo trato que antes le habían destinado a él. Y aun cuando se muestra sumamente contento por reencontrarse con el autor de sus días, cuando su señor lo envía a una peligrosa misión junto con un español que también fue salvado por ellos, Viernes parece olvidarlo.
Al ser rescatado Robinson, Viernes lo acompaña en su regreso a Inglaterra, aunque en esta etapa del libro pierde protagonismo, el mismo que trata de recuperar en una pelea mal narrada con un oso. Pero ya a estas alturas, Viernes es más sirviente que amigo de Robinson, quien de regreso a la civilización se entera de que es poseedor de una gran fortuna. Con ella dice socorrer a muchos de sus allegados, amigos y parientes que le quedan vivos, pero no a Viernes, quizás porque Viernes, aunque ya civilizado, no deja de ser un indígena y su señor no lo ve como a un ser que necesite fondos para establecerse, sino como alguien que necesita solamente un señor, y eso es él, Robinson.

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